|
MASECA:
SALTO TECNOLÓGICO DE 5,000 AÑOS
Cuando
el mundo estaba más preocupado por llegar a la luna que por revolucionar la
industria alimenticia, Grupo MASECA decidió dar los primeros pasos para lograr
un salto tecnológico que representaría la total transformación de un proceso que
había permanecido casi intacto por milenios.
La
producción de tortillas de maíz a partir de harina, en lugar de la producción
tradicional a partir de masa nixtamalizada, significó un salto tecnológico de 5,
000 años: pasar de la antiquísima preparación artesanal en ollas y fogones, a
las plantas almacenadoras, procesadores y empaquetadoras del producto final a
nivel industrial.
En el
logro de este salto tecnológico, GRUPO MASECA fue pionero, lo que, tras 30 años
de investigación continua, le permitió colocarse como líder mundial en
producción de harina y tortillas de maíz para un mercado de 462 millones de
consumidores, tan sólo en América, con un valor superior a 1,600 millones de
dólares.
Se
dice fácil ahora que los consumidores podemos comprar tortilla empaquetada en
casi cualquier establecimiento comercial; sin embargo, para los pioneros de la
harina, fue todo un reto que inició en 1949 cuando Roberto González Gutiérrez y
su hijo Roberto González Barrera adquirieron en la Ciudad Reynosa Tamaulipas un
equipo casero para elaborar harina de maíz.
Para
1951 se contaba con dos pequeñas plantas que producían bajos volúmenes de
harina, una en Cerralvo, Nuevo León, y otra en Acaponeta, Nayarit.
Para
entonces el Banco de México, que era dirigido por Rodrigo Gómez, invertía
considerablemente a través de su departamento de investigación para producir
harina en una planta en Tlalnepantla, Estado de México.
Ambas
partes coincidían en que, dado el acelerado crecimiento de la población (40
millones en aquel tiempo), y la creciente urbanización del país, se requería de
una producción masiva y eficiente para un alimento primordial en la dieta del
mexicano.
Para
enfrentar el reto hubo que partir de cero, ya que la elaboración de la tortilla
no había variado substancialmente desde la época precolombina, prevaleciendo
métodos artesanales propios para el autoconsumo, y para sociedades cerradas
carentes de desarrollo industrial.
Hasta
1943, las pocas referencias científicas de la tortilla se remitían a textos
antropológicos sobre las costumbres alimenticias de los pueblos mesoamericanos.
Una patente de 1820 hablaba de que la tortilla se preparaba mezclando a mano la
masa con ceniza de la hoguera.
Hoy en
día, el GRUPO MASECA cuenta con 37 patentes registradas sobre los métodos para
fabricar harina de maíz, trigo y tortillas en grandes volúmenes.
En los
años sesenta, sin embargo, a las grandes corporaciones internacionales no les
interesaba investigar y desarrollar la tecnología para el alimento exótico de un
pueblo pobre.
En
contraparte, la industria para procesar y aprovechar el arroz ya tenía una larga
tradición, y la del pan de trigo, 200 años en boga, cuando a mediados del siglo
XX no se sabía lo más elemental para la fabricación masiva de tortillas.
Algunas
de las primeras preguntas que hubo que responder fueron: ¿Cómo se mide el peso
de la masa de maíz? ¿Cómo medir el peso de la harina de maíz? ¿Cuál es la
temperatura ideal para cocer una tortilla? ¿Por qué se infla la tortilla?
En
1963, los dos González comprobaban personalmente la calidad del maíz que llegaba
a sus molinos, experimentando los métodos para producir una harina seca que
fuera posible rehidratar con agua, y por lo tanto, con mayor duración y vida de
almacenamiento, pues la masa tradicional se descompone en 10 horas, sin
considerar los climas cálidos.
Con la
colaboración del Ing. Manuel Rubio (quien se unió a MASECA en 1963), se
empezaron a despejar las incógnitas del milenario alimento. El primer obstáculo
fue que a nivel mundial no había un productor de molinos con gran capacidad de
maíz, ni fabricantes de hornos de conocimiento, ni moldes de madera, ni partes
mecánicas, ni nada, salvo ollas de hasta 16 toneladas utilizadas para
nixtamalizar el maíz por métodos tradicionales.
Los
modestos recursos de la familia González se arriesgaron en una investigación que
no tenía ninguna garantía de triunfo por más que la tortilla fuera el alimento
por excelencia en el país: el producto tendría que pasar la "prueba de fuego",
es decir, gustar al publico acostumbrado a otro sabor y textura.
Los
desarrollos tecnológicos avanzaron por un hecho fundamental: a diferencia de las
grandes corporaciones donde las innovaciones pasan por la revisión y
autorización de todo el organigrama, en MASECA los resultados se verificaban
directamente por Roberto González Gutiérrez, permitiendo avanzar sin burocracia
al equipo de investigación y producción lidereado por el Ing. Manuel Rubio.
Uno de
los principales desarrollos fueron los tanques de almacenamiento para el cocido
del grano. Utilizando la "Teoría de los Impactos" se aplicó en los tanques de
cocción un sistema de "tornillo sinfin", para el cocimiento uniforme de cada
grano contenido en varias toneladas de maíz. El sistema permitió reutilizar el
calor de los hornos y el agua empleada para hervir y lavar. Mientras MASECA
necesitaba calderas de 100 caballos de fuerza para cocer igual cantidad de maíz
que un molino tradicional, éstos necesitaban hornos de 700 caballos. Más aun, en
tanto una planta de MASECA se construía de un sólo piso, las plantas
tradicionales necesitaban edificios de hasta 10 pisos.
Los
resultados fueron palpables: con un kilo de maíz se obtenían hasta 1.4 kilos de
tortilla por el método tradicional, mientras que con la harina se procesaron
entre 1.55 y 1.65 kilos de tortilla por kilo de maíz.
De
haber partido de cero, hoy día MASECA puede instalar, en sólo 45 días, plantas
con líneas productoras de 2,000 tortillas por minuto; todo con tecnología
propia.
|