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ARQ. JOSE MATEOS, SECRETARIO GENERAL DE LA UNIVERSIDAD ANAHUAC.

 

PADRE GREGORIO LOPEZ, DIRECTOR DE PROMOCION Y DESARROLLO INSTITUCIONAL.

 

ING. GERMAN CAMPOS, DIRECTOR DE PROYECCION ANAHUAC

 

MAESTRO ROBERTO SANCHEZ MEJORADA, DIRECTOR DE COMUNICACION.

 

ING. LUIS ALVERDE, DIRECTOR DE RELACIONES ESTUDIANTILES.

 

JOVENES ESTUDIANTES.

 

Agradezco sinceramente a la Universidad Anáhuac el honor que me confieren, de compartir con todos ustedes esta ceremonia de apertura de cursos.

 

Valoro esta distinción en forma especial, porque se trata de una universidad de gran prestigio y sólida trayectoria; así como por la oportunidad de dirigirme a un segmento representativo de la juventud más preparada de nuestro país, lo cual para mí es un privilegio. Agradezco sobretodo a los jóvenes su presencia e interés, y los invito a compartir algunas reflexiones sobre los cambios que el mundo y México experimentan en los tiempos actuales, que constituyen un gran reto de superación para nuestro país, frente al nuevo milenio.

 

Mi único mérito para estar aquí como expositor, son los 50 años que he vivido la evolución del país, desde que mi padre y yo fundamos MASECA. Así, como empresario he podido apreciar los avances y las dificultades que México ha experimentado en ese lapso, y creo que puedo aportar una visión equilibrada, alejada por igual del optimismo infundado que del pesimismo estéril. Tan importante es no construir castillos en el aire, como no perder la confianza en que podemos alcanzar un futuro mejor.

 

Por todo ello, permítanme abordar 3 aspectos:

 

1. El reto de un mundo globalizado.

2. Qué bases tenemos para aspirar a un futuro mejor, dentro de ese nuevo contexto, y

3. Cómo veo la posición de ustedes como futuros profesionistas, empresarios y dirigentes del México de los próximos años.

 

A ustedes les tocará desarrollarse profesionalmente en un mundo y en un México nuevos, ambos productos de la globalización.

 

Por eso, hay que ubicar, con precisión y serenidad, los retos que esta plantea y no verlos con temor o desaliento, sino considerarlos como una oportunidad de superación individual y nacional.

 

1. Veamos en primer lugar, los cambios que el mundo ha tenido.

 

En el pasado habíamos crecido dentro de un entorno internacional favorable y estable, y gracias a un excesivo proteccionismo en el orden interno. Esto comenzó a romperse en la década de los años 70 y con mayor fuerza en los años 80, a partir de los cuales el mundo ha experimentado cambios económicos severos, que junto a retrasos internos para adaptarnos a la nueva realidad, afectaron notablemente nuestra capacidad de crecimiento.

 

Asimismo, nos obligaron, sin estar completamente preparados, a dejar atrás la comodidad que representaba producir con poca preocupación por la eficiencia y la calidad, y con el respaldo de un financiamiento seguro y barato.

 

Hoy la economía mundial se ha globalizado: los capitales se mueven libremente, los bienes y servicios se intercambian principalmente en zonas de libre comercio, y la migración de trabajadores es ya un fenómeno internacional.

 

La globalización no es una tendencia transitoria. Se trata de un nuevo sistema mundial que vino a sustituir el creado después de la 2a. Guerra Mundial.

 

Este sistema influye sobre las políticas internas y sobre las relaciones internacionales de prácticamente todos los países, mediante un proceso creciente de integración del capital, los mercados, la tecnología y la información. El reto radica en insertarse de manera eficiente y equilibrada, en esa nueva realidad internacional. En este contexto, además de competir por el acceso a los mercados y los factores productivos, tenemos que mantener la disciplina económica para dar estabilidad de largo plazo al desarrollo y poder adquisitivo al salario, y en particular, debemos ser lo suficientemente innovadores para adquirir ventajas en esa competencia, y generar los empleos suficientes y con productividad creciente, que nos demandan las nuevas generaciones.

 

El reto es todavía mayor ya que en la generación a que ustedes pertenecen, la integración de esa economía global se está acelerando porque la tecnología produce cambios cada vez más revolucionarios y frecuentes, de tal manera que la innovación constante es la regla y no la excepción.

 

Thomas Friedman lo define así:

 

(cito) "Lo que hace esta era de globalización tan única es no sólo el hecho de que estas tecnologías están haciendo posible para los estados-nación y para las corporaciones conectarse alrededor del mundo más lejos, más rápido, más barato y más profundo que nunca antes. Sino que es el hecho de que también los individuos lo pueden hacer." (termino cita)

De nosotros dependerá el lugar que ocuparemos respecto de esos cambios que ya están impactando todo: la forma de producir y distribuir alimentos, la salud, la economía y el comercio, los nuevos materiales, las telecomunicaciones, la informática, la organización y operación de los negocios. Será un mundo en que personas, empresas, organizaciones y países estaremos enlazados como nunca. Quedarse al margen será virtualmente imposible y, en todo caso, representará condenarse al atraso permanente.

 

La globalización ofrece un gran potencial de generar una mayor riqueza mundial gracias, precisamente, a esa facilidad para conectar y movilizar productos, servicios, conocimientos y recursos de todo tipo.

 

Pero también en ello reside su mayor riesgo, porque ahora las crisis de cualquier país se transmiten con rapidez al resto del mundo, como lo demostró la reciente crisis asiática que, originada en Tailandia, afectó a Rusia, luego a Brasil y al resto de América Latina, e incluso tuvo impactos en Estados Unidos y en Europa.

 

Antes sólo teníamos que preocuparnos de no agarrar una pulmonía cuando a nuestro poderoso vecino norteamericano le daba gripe.

Ahora tenemos que estar atentos a lo que pasa hasta en las regiones más apartadas del mundo, porque ya no hay distancias para propósitos de la economía y las comunicaciones.

 

Es claro que, sí bien enfrentamos la competencia de prácticamente todos los países, también tenemos al mundo entero como un mercado que podemos conquistar, por lo que tenemos que mantener una visión global y utilizar criterios de calidad clase mundial en todos los aspectos, desde la educación hasta la producción.

 

La economía y la tecnología globalizadas exigen también de cambios importantes en la organización política y social de cada país, para hacer factible, como postula el gran financiero George Soros, que el mundo funcione como una sociedad abierta a la innovación y a los nuevos valores, en forma cada vez más eficiente y sea capaz de superar los rezagos y los errores que todavía se observan.

 

De hecho, no es una casualidad que la globalización, como la conocemos hoy, se haya iniciado con la caída del Muro de Berlín hace 10 años.

 

La economía de mercado para extenderse y para tener contrapesos que la hagan más equitativa, requiere de la democracia, y esta se fortalece cuando cualquier persona en cualquier país puede estar informada y enlazada con el resto del mundo, para intercambiar ideas e información o comerciar todo tipo de mercancías. Así por ejemplo, es posible predecir que el desarrollo de la "internet" en China traerá grandes cambios políticos y económicos en ese país, que a su vez afectarán el balance de poder en el mundo.

 

En el mundo globalizado, las fuerzas del mercado y la democracia se refuerzan mutuamente y son, junto a la tecnología, los motores del cambio.

 

En este sentido, el propio Soros hace 2 advertencias: el capitalismo global que hoy conocemos es "una forma incompleta y distorsionada de la sociedad abierta", porque el capital internacional se mueve al margen de la soberanía de los estados, lo que facilita que las crisis financieras de un país, se transmitan casi inmediatamente a otros. Por otro lado, corremos el riesgo de una "malsana sustitución de los valores humanos intrínsecos por los valores monetarios", ya que "las normas éticas no resisten muy bien a las presiones del mercado."

 

Para ambos casos, hace falta un código de conducta de validez internacional apropiado a la nueva sociedad global.

 

De cualquier manera todos estamos inmersos en esa globalización de la economía, de los sistemas financieros y de la informática que, como establece Felipe González, el gran estadista español, determinan que: "La crisis del estado-nación no es una crisis terminal sino de redefinición, que requiere de nosotros adaptarnos a las nuevas realidades o enfrentar consecuencias dramáticas".

 

En palabras más simples, el reto para nosotros, como mexicanos, es no perder identidad y soberanía nacionales y tratar de sacar el mejor partido para México de ese nuevo contexto mundial, siendo protagonistas del cambio y no dejándonos arrastrar, por ignorancia o por impotencia, para actuar a tiempo y con eficacia.

 

2. Por ello, es importante que veamos con qué activos contamos para superar el reto de la globalización y construir un futuro mejor.

En primer lugar, debemos reflexionar sobre lo mucho que hemos logrado, no para ocultar los errores y problemas sino para reafirmar la seguridad de que México puede seguir avanzando y que no estamos condenados, como algunos predican, a seguir tropezando una y otra vez.

 

En efecto, a pesar de que en 50 años casi se cuadriplicó el tamaño de la población, la infraestructura, los servicios básicos, la educación, la estructura de la economía, los indicadores de vida y de productividad son hoy mejores y tienen mayor cobertura que en el pasado. Esto, sin desconocer la pobreza extrema que aún padecen muchos mexicanos y que debemos ayudarles a superar.

 

En segundo término porque las crisis económicas, internas y externas, nos han dejado valiosas lecciones: la importancia de ser más productivos, de fortalecer día a día nuestras capacidades competitivas y de la disciplina en el trabajo y en el gasto.

 

En pocas palabras, hoy sabemos que el éxito sólo depende de nuestro esfuerzo y que este esfuerzo debe ser permanente porque no podemos bajar la guardia.

 

Es importante destacar que a pesar de esas crisis recurrentes hemos mantenido la capacidad de recuperación y de crecimiento económico, y que somos hoy por hoy, una de las economías con mejor comportamiento frente a la actual coyuntura mundial.

 

Así, México ocupa, a nivel internacional, el lugar número once por su producto interno bruto, el 6° lugar en crecimiento del producto por persona y en flujos de inversión extranjera y el 4° lugar en crecimiento de la productividad.

 

Entre las economías de América Latina, la mexicana es definitivamente la mejor candidata para el crecimiento sostenido.

 

Lawrence Klein, Premio Nobel de Economía y experto en previsiones y modelos económicos, pronostica para México un crecimiento económico, sostenible de aquí al año 2004, de cerca del 5% anual, con una tendencia decreciente de la inflación y un déficit fiscal también a la baja.

En tercer lugar, debemos reconocer que mucho de este panorama se debe a que el actual Gobierno ha logrado 3 avances de la mayor importancia:

 

a) La construcción de bases sólidas para nuestro desarrollo económico, que aseguran el fin de una larga etapa de crisis sexenales recurrentes y que nos permitirán enfrentar con más éxito cualquier crisis externa. No sólo los principales agregados de la economía están en orden y son sólidos, sino que tenemos un sistema cada vez más fuerte de ahorro interno a largo plazo, (las famosas Afores), que permitirá financiar sin presiones inflacionarias las inversiones que darán seguridad y permanencia al proceso de reactivación económica, así como elevarán la productividad general de la economía, facilitando que el bienestar social se extienda.

 

b) El diseño y ejecución de una política social eficaz que permitirá, de persistir en ella, reducir al máximo la pobreza extrema. Para este problema, no hay soluciones fáciles ni inmediatas pero podemos acelerar el paso si como sociedad, todos apoyamos el mejorar rápidamente la nutrición y la educación de los grupos más pobres y rezagados, en especial de los niños y jóvenes. c) La transición definitiva hacia una democracia plena y transparente, preservando la estabilidad y gobernabilidad que todos deseamos.

 

La democracia plena debe servir para construir una Patria más próspera y noble, mediante la competencia política, la consolidación del estado de derecho y el acceso de todos los mexicanos a los beneficios del desarrollo.

 

El crecimiento y estabilidad de la economía, la mayor capacidad de inversión en capital humano, así como la democratización de la vida nacional, nos darán seguridad de largo plazo y ésta, se traducirá en mayor capacidad de consumo, de trabajo y de estudio de los mexicanos, dando así un impulso formidable a nuestro desarrollo.

 

Resulta interesante mencionar que, en su momento, mucho se puso en duda la apertura de la economía mexicana, pero es un hecho que ese proceso, la firma del TLC y el próximo acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, han dado a México una posición única dentro del mundo, para atraer inversiones, generar empleos de alta productividad y convertirse en una potencia exportadora aun mayor.

 

Baste señalar que en la última década, mientras las exportaciones de América Latina crecían al 8% promedio anual y las mundiales lo hacían al 6%, las ventas totales de México al exterior alcanzaban un crecimiento del 12% anual.

 

Hoy México exporta el doble que Brasil y cuatro veces lo que Argentina, y cada vez más son bienes de mayor valor agregado.

 

El fenómeno globalizador se observa más claramente dentro del TLC, que hizo de América del Norte la zona de libre comercio más grande del mundo. Allí las exportaciones de manufacturas mexicanas han crecido al 22% anual, de 1994 a 1998. Desde el Tratado, el comercio bilateral entre México y E.U.A. casi se ha duplicado y hoy somos el segundo socio comercial de nuestro vecino.

El Tratado ha contribuido a sostener el crecimiento de la economía mexicana y a darle seguridad a nuestra participación en ese mercado, a pesar de la fuerte competencia asiática, intensificada por la crisis y las devaluaciones en esa región del mundo. También ha sido fundamental para, en 5 años, captar casi 35 mil millones de dólares de inversiones no especulativas procedentes de E.U.A. y Canadá.

 

Otro caso, que en su momento fue polémico, es la modernización de nuestro sistema de telecomunicaciones mediante la participación del capital privado.

 

Sin este aporte hubieran dejado de hacerse cuantiosas inversiones en muchas áreas de la estructura productiva, ya que la disponibilidad y eficiencia de este servicio es vital para el desarrollo.

 

Por otra parte, hay ramas industriales y de servicios de gran importancia estratégica, en las que apenas estamos a tiempo de tomar decisiones, pues el retraso en modernizar su funcionamiento y en canalizar nuevas inversiones, pone en riesgo la capacidad competitiva y de crecimiento de todo el país. Este es el caso inmediato del sector eléctrico y luego del petrolero, en que no podemos caer en una parálisis como la de la industria petroquímica, que mucho nos ha costado ya.

De no actuar con oportunidad, podremos tener faltantes de electricidad al comenzar el nuevo milenio. Del petróleo y el gas, baste decir que seguirán siendo claves en el desarrollo mundial de los próximos 50 años.

 

Otro caso importante podría ser la prestación privada de servicios de seguridad social a una población cada vez mayor y cada vez más exigente en cuanto a la calidad de la atención.

Sería tema de otra plática entrar en detalles sobre estos casos. Sólo quiero destacar que no se trata de caer en planteamientos simplistas, de que el Estado deje a un lado sus compromisos y obligaciones para favorecer a grandes empresas privadas.

 

Lo que sí debe tenerse presente es la magnitud del reto que enfrentamos y los gigantescos recursos que habrá que movilizar, para buscar con inteligencia e imaginación reflexivas, con prudencia pero también audacia, los nuevos esquemas coparticipativos de inversión y expansión apegados a nuestros intereses que, en base a reglas precisas, nos fortalezcan como nación soberana y próspera.

 

En todo caso, hay que tener presente que, además de una realidad irreversible, la globalización funciona para un país, como una vía de doble sentido. No es simplemente para abrir nuestras fronteras al capital o la tecnología de fuera.

 

También es la oportunidad para que personas y empresas mexicanas salgan a conquistar el mundo. Así lo acredita el caso de GRUMA que me honro en presidir. Esta empresa, en base a su tecnología propia de punta, hace casi 30 años decidió internacionalizarse, logrando ser el líder mundial indiscutible en su ramo. Desde luego, no es el único caso, empresas como Cemex llegan a casi todo el mundo gracias a su eficiencia productiva y administrativa. Bimbo y la Cervecería Modelo han tenido una expansión internacional muy importante en años recientes. El camino está abierto y hay que aprovechar nuestras ventajas y virtudes.

 

En todo proceso de cambio es necesario tener muy presentes los factores que nos sirven de anclas de seguridad y esos son nuestros valores morales y culturales. En ese sentido, somos afortunados que México sea un país surgido de una cultura milenaria, única y propia, que dió lugar a un pueblo de raíces y valores muy sólidos, como son el amor a la patria, el respeto a la familia y nuestra firme voluntad de siempre procurar lo mejor para nuestros hijos.

 

Esa cultura y esos valores nos han dado permanencia e identidad como nación, lo que ha sido fundamental para vencer las muchas dificultades y circunstancias adversas, que hemos tenido en nuestra historia.

 

Hoy también, son el mejor antídoto contra los elementos negativos del proceso globalizador, así como la mejor garantía de que la participación de los jóvenes más preparados encontrará su pleno sentido.

 

3. Permítanme ahora, hacer una breve reflexión sobre el papel de ustedes, en este panorama que les he presentado.

 

Me interesa mucho transmitirles mi convicción al respecto, porque los universitarios mexicanos de hoy tienen como característica común que, desde que tienen uso de razón, han escuchado y visto, incluso sentido, que México es un país de crisis económicas recurrentes, que destruyen, en poco tiempo, empresas y patrimonios familiares que tomó mucho tiempo construir.

 

Que junto a nuestra moneda, se devalúan capitales, ahorros e ingresos y que, ciertamente, se pierden empleos y esperanzas. Todo ello, en un contexto internacional en que los cambios son continuos y cada vez más acelerados, como parte esencial de la globalización.

 

No es de extrañar entonces, que muchos jóvenes vean con temor el futuro, que hayan perdido la fe en las instituciones públicas e incluso, en ellos mismos, porque han visto cómo amigos y familiares cercanos, cuando no sus propias familias, han sido golpeados por esas crisis recurrentes.

Sin embargo, mi experiencia me da otra visión.

 

Si algo he aprendido en mi vida como empresario, es que la calidad de los recursos humanos es el factor determinante.

 

Desde luego, un entorno económico sano y la estabilidad política cuentan mucho y, si ustedes me apuran, hasta una dosis de suerte es necesaria para triunfar, pero en el largo plazo pesa, sobretodo, la calidad del capital humano, en especial del que algunos autores llaman "el trabajador intelectual". De hecho, Peter Drucker que es uno de los "gurús" de la administración moderna dice que la competitividad de las empresas e incluso de los países, en el siglo XXI dependerá en forma creciente de que aumente la productividad del personal que trabaja en base a sus capacidades intelectuales.

 

Esto quiere decir que el futuro es de quienes tengan la mejor educación. La educación superior es además un recurso renovable, no se agota con el tiempo ni con el uso, sino más bien se puede incrementar y mejorar día a día, con la experiencia, nuestras lecturas, cursos, etc., siempre bajo el concepto de educación continua. Lo más importante es aprender a aprender.

 

Una buena educación es verdaderamente el activo más valioso, porque nunca estará sujeto a devaluaciones. Por eso, aprovechar al máximo la oportunidad que ustedes tienen de educarse a un nivel superior, y sobretodo en una universidad con el prestigio de ésta, es tan importante para ustedes y sus familias, como para nuestro México.

 

Con dedicación y constancia, ustedes tienen un buen lugar asegurado porque, trátese de administración pública o privada, de mercados internos o externos, ninguna empresa, institución o país del mundo globalizado, podrá prosperar sin incorporar el talento y los conocimientos de las nuevas generaciones.

 

En el mundo globalizado, los países necesitan acumular y usar efectivamente nuevos y superiores conocimientos o sea, estar mejor educados en todos los niveles, porque las actividades productivas del futuro dependerán menos de los recursos naturales e incluso de las aportaciones de capital, y más de los que algunos autores llaman "el poder del cerebro".

En pocas palabras, en la era de la globalización, el conocimiento y la información son la clave del desarrollo económico y social.

 

JOVENES ESTUDIANTES:

 

Les ha tocado a ustedes vivir y educarse en la parte final de un siglo lleno de cambios de todo tipo. Será nuestra responsabilidad utilizar dichos cambios en nuestro provecho y sólo lo podremos lograr con una población mejor educada, de la cual ustedes representan la mejor esperanza. Será además necesario, lo reitero, contar con sólidos valores culturales y morales, para no perder la brújula. Siéntanse siempre orgullosos de ser mexicanos, de la familia en que nacieron y de su Universidad, y tendrán la seguridad necesaria para navegar con éxito en el nuevo milenio globalizado que los espera.

 

En apenas 25 años, México tendrá una población de 135 millones de habitantes y el planeta contará con 8,500 millones de seres. Eso por sí sólo constituye un gran reto pero también abre espléndidas oportunidades para quien tenga la capacidad y la voluntad de tomar la iniciativa y aplicar sus conocimientos con efectividad.

 

Frente al tamaño de la tarea por realizar, no debemos perder el tiempo ni el ánimo, pero tampoco caer en la tentación de experimentar fórmulas fáciles, que supuestamente resolverán, casi al instante, todos lo problemas.

 

Ciertamente, debemos procurar que cada vez más, los avances en la economía se reflejen en el bienestar de las familias y consoliden nuestra democracia, sin dejar de insistir en que sólo la perseverancia, la disciplina, el conocimiento creciente, la sensatez, y el trabajo constante y cada vez más productivo de todos los mexicanos, podrá generar los recursos propios y duraderos, así como el impulso dinámico que necesitamos, para lograr en forma definitiva nuestros grandes objetivos nacionales, en un mundo cada vez más interdependiente y globalizado.

 

Les agradezco nuevamente su atención y el honor que me otorgaron de participar en este evento, y les expreso mis mejores votos porque en las aulas y en el ejercicio de su profesión logren su realización personal y familiar, a la vez que pongan muy en alto el buen nombre de su Universidad y de nuestro querido México.

 

MUCHAS GRACIAS.

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